La vida en sí…

La vida en si misma es un regalo donde nosotros seres libres y pensantes tenemos la oportunidad de decidir nuestro destino. Lo que generamos cada uno de nosotros al pensar positiva o negativamente se va reflejando en nosotros durante el trayecto de nuestros caminos, de nuestros actos, de nuestros legados, nos ubica en una manera de vivir y ser o al reves.

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La vida es un viaje.

Hay ruedas, pies, vías de acero, turbinas poderosas, artefactos con hule, con cuero. Por tierra los caminos se cruzan y topan con campos y montañas, llegan al mar en algún punto, se topan con el azul profundo y siguen.

Me gusta viajar, ir lejos o cerca, ver más viajeros, todos distintos, de razas varias, viajando también como uno.

Me gusta pretender entender el camino para llegar a un destino trazado.

Me gusta viajar soñando y observar todos lo componentes de la ruta, del trayecto, imaginar y analizar el por qué estoy andando este camino y para qué.

Me gusta fotografiar lo que a mi andar veo, el tren y el avión y a todos los pasajeros, aunque apesten, aunque  traigan cara de saber o de creer saber a dónde van.

Me gusta saber que alguien está pensando en mí, en mi viaje…

Por las noches, me gusta recorrer las calles del destino y tratar de entender su otra cara, la que oculta y que no todos ven durante el día.

Pero a veces me gusta aceptar que puedo tomar cualquier camino para regresar a casa, con la compañía de la nostalgia casi todo el trayecto, casi toda la vida en todo el viaje y saber que siempre hay alguien que me espera.

Verano del 2014
Donostia